Mi garganta está que arde. Una voz envenenada la atraviesa. Le pertenece. La voz me sacude. Me transporta. Es adrenalina que libera endorfinas, es vehemencia siempre a un paso de colapsar.
Alguna vez estuve rodeada por falacias y no me gustó; por eso dicen que me siento molesta y que la rutina me enferma.
No aguanto las reglas, y el correr en la vida, por suerte, me seda. A veces no escucho los pájaros volar, temo que ahora los pájaros vuelen en silencio.
Reprimo mi estado natural, y estoy hambrienta, a los hombres suelo engualichar, y estoy hambrienta, vivo en una cápsula de cristal pronta a estallar, y estoy hambrienta.
Una vez fui rodeada por falacias y debo decir que ya no las quiero. Al final las falacias me desnudan. Al final, recalculando avanzo. Es mi destino. Salgo a contramano, me desvío y acelero.
Todo está en orden...
Natalia Lucia por Federico Alconada